22/05/09

Una Revolución sin revolucionarios.

Un día como hoy (22 de mayo) pero de 1810, hubo 450 invitados a participar de un cabildo abierto pero solamente participaron unos 250. French y Beruti, al mando de 600 hombres armados con cuchillos, trabucos y fusiles, controlaron el acceso a la plaza, con la finalidad de asegurar que el cabildo abierto fuera copado por criollos. Situación bastante análoga a la de hoy, democracia limitada a la participación de un solo sector y el recurso del patoterismo para que las cosas salgan "como corresponde", aunque debo reconocer que en este caso el fin justificaba los medios. Pero queda a las claras de porque somos lo que somos, la historia nos juzga y nos determina como país, que dicho sea de paso muy lejos estaba de llamarse todavía Argentina, el patriotismo y la fuerza emancipadora eran resultado de un mero interés económico, 450 hombres (cuando digo hombres son hombres) para decidir el rumbo de una nación que hoy se divide en 5 Estados, parece un número relativamente pequeño para llevar a cabo una revolución.
El cabildo abierto se prolongó desde la mañana hasta la medianoche, contando con diversos momentos, entre ellos la lectura de la proclama del Cabildo, el debate, "que hacía de suma duración el acto", como se escribió en el documento o acta, y la votación, individual y pública, escrita por cada asistente y pasada al acta de la sesión.
El debate en el cabildo tuvo como tema principal la legitimidad o no del gobierno y de la autoridad del virrey. El principio de la retrovisión de la soberanía planteaba que, desaparecido el monarca legítimo, el poder volvía al pueblo; y que éste tenía derecho a formar un nuevo gobierno.
Hubo dos posiciones principales enfrentadas: los que sostenían que la situación debía mantenerse sin cambios, respaldando a Cisneros en su cargo de virrey, y los que sostenían que debía formarse una Junta de gobierno en su reemplazo, al igual que en España. No reconocían la autoridad del Consejo de regencia argumentando que las colonias en América no habían sido consultadas para su formación. El debate abarcó también, de manera tangencial, la rivalidad entre criollos y españoles peninsulares, ya que quienes proponían mantener al virrey consideraban que la voluntad de los españoles debía primar por sobre la de los criollos.
Uno de los oradores de la primera postura fue el obispo de Buenos Aires, Benito Lué y Riega, líder de la iglesia local. Lué y Riega sostenía lo siguiente:
No solamente no hay por qué hacer novedad con el virrey, sino que aún cuando no quedase parte alguna de la España que no estuviese sojuzgada, los españoles que se encontrasen en la América deben tomar y reasumir el mando de ellas y que éste sólo podría venir a manos de los hijos del país cuando ya no hubiese un español en él. Aunque hubiese quedado un solo vocal de la Junta Central de Sevilla y arribase a nuestras playas, lo deberíamos recibir como al Soberano. Un colgado Lué.
Juan José Castelli habló a continuación, sostenía que los pueblos americanos debían asumir la dirección de sus destinos hasta que cesara el impedimento de Fernando VII de regresar al trono.
Castelli un revolucionario de aquellos, luchaba por una causa pero por las dudas se atajaba, se imaginan al Che y a Fidel impulsando la revolución, pero pidiendo que EEUU no se enoje con ellos. También reclamó la re­versión de los derechos de la Soberanía al pueblo de Buenos Aires y su libre ejercicio en la instalación de un nuevo gobierno, principalmente no existiendo ya, como se suponía no existir, la España en la dominación del señor don Fer­nando Séptimo. Encima de lame botas de la realeza gallega cautiva de Bonaparte, Castelli resumía la soberanía de todo un basto territorio como el de las Provincias Unidas del Río de la Plata a Buenos Aires, esto sería traspasar el sillón de Cisneros a un criollo (con dinero obvio y poder militar), la revolución no fue social porque el pueblo no participó de ella, fue política si, pero aun quedaron funcionarios españoles, sobre todo los de ideas liberales propensos a abrir nuevos mercados. Económicamente dejamos de mandarles platita perúana a los reyes católicos pero no tardamos en dársela a los ingleses.
El fiscal Manuel Villota, representante de los españoles más conservadores, señaló que la ciudad de Buenos Aires no tenía derecho a tomar decisiones unilaterales sobre la legitimidad del virrey o el Consejo de Regencia sin hacer participes del debate a las demás ciudades del Virreinato. Argumentaba que ello rompería la unidad del país y establecería tantas soberanías como pueblos. Juan José Paso le dio la razón en el primer punto, pero adujo que la situación del conflicto en Europa y la posibilidad de que las fuerzas napoleónicas prosiguieran conquistando las colonias americanas demandaban una solución urgente. Adujo entonces el argumento de la hermana mayor, por la cual Buenos Aires tomaba la iniciativa de realizar los cambios que juzgaba necesarios y convenientes, bajo la expresa condición de que las demás ciudades serían invitadas a pronunciarse a la mayor brevedad posible. La figura retórica de la "Hermana mayor", comparable a la gestión de negocios, es un nombre que hace una analogía entre la relación de Buenos Aires y las otras ciudades del Virreinato con una relación filial. Paso fue un adelantado, vio en Bs As el futuro aduanero porteño que regiría los hilos de una nueva nación, es decir yo hago lo que quiero y después les pregunto a los otros que opinan pero conste que lo que yo decido no se modifica.
Cornelio Saavedra (según el profesor Felipe Pigna, "primer presidente argentino" y de "nacionalidad boliviana") propuso que el mando se delegase en el Cabildo hasta la formación de una junta de gobierno, en el modo y forma que el cabildo estimara conveniente. Hizo resaltar la frase de que "(...) y no queda duda de que el pueblo es el que confiere la autoridad o mando"(linda frase, después se puso al mando je je y no quisieran saber lo que le pasaba al que se le oponía, sino preguntarle a Marianito Moreno que terminó en el fondo del mar). A la hora de la votación, la postura de Castelli se acopló a la de Saavedra.
Luego de los discursos, se procedió a votar por la continuidad del virrey, solo o asociado, o por su destitución. La votación duró hasta la medianoche, y se decidió por amplia mayoría destituir al virrey: 155 votos contra 69.

Mapa de las Provincias Unidas del Río de la Plata El mapa reproduce la subdivisión política de las Provincias Unidas del Río de la Plata desde 1820 hasta 1825. Como parte de las mismas, se incluyen territorios que pertenecen en la actualidad a países limítrofes con el principal Estado que habría de surgir de su evolución histórica: Argentina. La inmensa zona que aparece en el sur de las Provincias Unidas se corresponde, esencialmente, con la región de Patagonia.
La Revolución está y ¿los revolucionarios?

2 comentarios:

  1. Mirá que grande que era...
    Un abrazo

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  2. Me encantaría que participaras poniendo tu voz recitando un poema de Mario Benedetti en el wiki. Pienso que tu voz con ese musical acento argentino haría que alguno de los poemas del poeta uruguayo nos fueran todavía más cercano. Recibe, Gabo, un fuerte abrazo. Anímate.

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